Cichlid Room Companion

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Pablo, Juan Miguel y yo

Por , 2002. printer
Publicado
Pam Chin, 2002

Traductor: Antón David Pérez Rodríguez (10-ago.-2002)

Clasificación: Mantenimiento en cautiverio, Centro y norte -américa.

Juan Miguel, La mascota Parachromis dovii de Pam

Parachromis dovii

Nombre común:
Cíclido lobo, Cíclido de Dow

Distribución:
Costas atlántica y pacífica de Costa Rica a Honduras, en ríos y lagos

Mis condiciones de cría:
pH 8.5/Agua dura/26°C.

Tamaño:
62-70 cm

Reproducción:
Madurez sexual a los 10-14 meses
Frezador sobre sustrato, cuidados biparentales

Recuerdo estar enamorada de Pablo desde antes de saber lo que era un Parachromis dovii. Oí hablar de él por vez primera en los ejemplares iniciales del Buntbarsche Bulletin (la revista de la American Cichlid Association), y noté que algo me sacudía. Era como una campanilla tocando en mi cabeza. Recuerdo leer los antiguos ejemplares que tenían pequeñas frases y notas sobre él, pues todo el que alguna vez lo había visto tenía algo que comentar. Pertenecía a Guy Jordan (un miembro fundador de la ACA), o tal vez Guy le pertenecía a él, según con quien hablaras. De lo que deduje que eran muy cercanos, y bien avenidos. Ahora, trascurridos más de treinta años, es realmente una leyenda y circulan varias historias y mitos por ahí con Pablo, el Parachromis dovii más famoso de todos, como protagonista.

Cuando conocí a Gary, mi compañero, él tenía grandes acuarios con grandes peces, y todos tenían nombre. Me encantaba el darles de comer porque eso nos permitía ir a cada acuario e interactuar con aquellos grandes peces que proyectaban su personalidad. A medida que pasaba el tiempo yo estaba más y más metida en la afición, y entonces algo se cruzó en nuestro camino y nos lanzamos al mundo de los lagos del Rift. ¡que no hay nada malo en ello! Pero, por alguna razón, no le pones nombre a un Julidochromis o a un Neolamprologus, o por lo menos yo no lo hago.

Todo el que alguna vez había visto a Pablo tenía algo que comentar

Hay veces en que olvidas por qué aún te engancha esto, o que estás tan metido en un grupo concreto de peces que los árboles no te dejan ver el bosque. Creo que era eso, yo estaba demasiado centrada con los africanos, pensaba que no podría mantener ninguna otra cosa. Y entonces comencé a relacionarme con aficionados que tenían peces de Centroamérica. Cichlasomaníacos, les llamaba yo, y ahora quería ser uno de ellos. Con Pablo resurgiendo en mi mente, advertí a Gary de que la próxima vez que me cruzara con un Parachromis dovii me lo iba a traer para casa. Quería de nuevo peces grandes, y quería un P. dovii como Pablo.

Algunos años más tarde mi amigo Juan Miguel me hizo una visita y me preguntó si quería algún pez de los que tenía él. ¿Qué tal unos dovii?, le espeté. Me explicó que no tenía, pero que iba a hacer un viaje de recolección a Costa Rica y que iba a ver si me conseguía alguno. La siguiente vez que nos encontramos me traía una pequeña bolsa, y dentro de ella diez Parachromis dovii de unos 2 cm. eran plateados con una banda negra horizontal a lo largo de todo el cuerpo. Me contó cómo los había encontrado y como casi lo mataba el padre de las criaturas, de unos 70 cm. ¡Estaba encantada!

Me los llevé para casa y los alojé en un acuario de 40 l en la casa de los peces. No podía esperar a volver cada noche del trabajo para darles de comer. Atacaban incluso a los nauplios de artemia con saña para ese tamaño. Crecían literalmente cada día, pues procurábamos alimentarlos bien. En menos de dos semanas decidimos que sería mejor moverlos a un acuario de 100 l. Con cuatro semanas uno comenzó a ser patentemente mayor que los otros, y le puse por nombre Juan Miguel.

Dos meses más tarde, y ya en un acuario de 200 l, perdimos uno, pero los otros nueve crecían de maravilla. Comenzaron a mostrar un color amarillo por todo el cuerpo y la franja negra se hizo mayor. Yo no podía esperar más, tenía que meterlos en casa para poder verlos toda la noche, justo al lado del sillón y de la tele. Sin embargo, eso significaba mover al grupo de Tropheus brichardi que llevaba los últimos cinco años ocupando el acuario de 300 l.

Le dije a Gary que no me importaban los Tropheus y que podia tirarlos a todos. Por supuesto, estaba mintiendo. Pero quería el acuario para mi nuevo proyecto, y punto. Como un buen marido cedió y cambió los Tropheus a otro acuario, pero esa es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión. Los P. dovii tenían unos cuatro meses cuando los metimos en casa, y no sólo tuvieron oportunidad de conocernos mejor, si no que también nosotros pudimos fijarnos en las personalidades que cada uno empezaba a mostrar. Juan Miguel era el lider del grupo, y eso nadie se lo discutía. Medía fácilmente 8 cm, estando los otros en 6-7 cm. Los alimentábamos sobre todo con croquetas flotantes; adoraban atacarlos mientras bajaban poco a poco hacia el fondo. Las larvas de mosquito les habían gustado mucho en la casa de los peces, pero no quería que Gary se las diera dentro de la casa de las personas. Los tubifex también les encantaban.

Cuando Juan Miguel alcanzó unos 11 cm decidimos separarlo del grupo, se comía toda la comida y comenzaba a atacar a los más pequeños, que creo que eran hembras. Su nueva casa era un hexágono de 200 l, aún en el salón, en medio de todo el trajín familiar. En menos de una semana un nuevo macho dominante era el rey del acuario. Le puse Ferdi, por mi amigo Ferdinand Velasco, un gran entusiasta de P. dovii. No era el mayor de los peces del grupo, pero mantenía a los demás a raya con esa técnica tan particular de los P. dovii; a golpes. Pocas semanas más tarde Ferdi pasó a ocupar otro acuario igual al de Juan Miguel en el lado opuesto de la habitación.

Cuanto más crecían más bonitos eran. El dorado a lo largo del cuerpo era muy intenso, así como el rojo y verde por la cabeza y base de la dorsal. Un precioso azul verdoso brillante apareció en todas las aletas. La banda horizontal había crecido y tenía fácilmente 2.5 cm de alta. Las hembras también tenían un bonito colorido, son casi por completo amarillas n la madurez. Sus ojos son maravillosos, bastante grandes, tanto como un M & M's (N. del T. El M & M's es un caramelo de chocolate de alrededor de 1 cm de diámetro), y el iris es de un bronce metálico brillante. Se mostraban muy curiosos y se puede decir de ellos que prestaban atención a todo lo que pasaba a su alrededor. Juraría que hasta se relacionaban con mis perros cuando iban por allí. Un rasgo que les da mucha personalidad es su boca extragrande, con los caninos sobresaliendo. Un simple vistazo basta para que el más profano advierta que son poderosos depredadores.

Quedaban pues siete P. dovii en el acuario grande, los machos de unos 15 cm y las hembras algo menores. Gary creía que había una pareja, y aunque ambos estábamos muy excitados todo el mundo nos decía que el macho no tardaría mucho en destrozar a su compañera. Pero este macho era muy bueno con su hembra, la adoraba, y no me creía que esto fuera a pasar. En vez de morder a su pareja se dedicó a eliminar a los otros dos machos, dejándonos así con tres hembras de sobra. Gary las movió a la casa de los peces para que estuvieran seguras, y dejamos sola a la pareja en el acuario de 300 l.

Once meses exactamente tras haber recibido a los peces la joven pareja desovó, tras haberse pasado unas cuatro semanas preparando el lugar. Habían hecho la puesta bajo una roca que habían excavado por completo, y todos los alevines se perdieron entre la grava. Pero no se desanimaron y en tres semanas criaron de nuevo. esta vez Gary sacó algunos alevines para hacerlos crecer. Continuaron criando como un reloj cada cuatro semanas, sacando nosotros unos pocos alevines cada vez hasta que comenzamos a preguntarnos qué íbamos a hacer con un tonel lleno de alevines de P. dovii. El macho seguía adorando a su esposa, la seguía por todo el acuario, y me extrañaba mucho que no la mordiera nada después de las horribles historias que había oído.

Continuaron desovando como un reloj cada cuatro semanas

Movimos a la pareja a un acuario de 350 l, de forma que Gary pudo disponer de nuevo del de 300 l para sus Tropheus, o para lo que quedaba de ellos. Continuaron criando otros seis meses, y una mañana la hembra apareció muerta. Triste, pero había sido una aventura maravillosa, y haber sido capaz de criar a este pez mucho más. Yo había ido a buscar un gran macho, y en encontrarme además con una pareja reproductora fue una sorpresa muy agradable. Le dimos el macho y las tres hembras sobrantes a mi amigo Roland, espero que él también tenga éxito en sus grandes acuarios.

Juan Miguel y Ferdi son todavía los temas de conversación de nuestro salón; ahora miden unos 30 cm y siguen creciendo a buen ritmo. Sus acuarios están separados unos 3 m, y es obvio que recelan el uno del otro. Hacen montañas con la grava contra una pared tan altas como pueden, como si fueran excavadoras. Entonces se asoman furtivamente por el borde espiándose el uno al otro. Es muy gracioso verlos, pero está claro que Ferdi se asusta más que Juan Miguel.

Final feliz, pues. Estoy criando a mi propio Pablo. Mi Juan Miguel se da cuenta de todo lo que pasa, y siempre me saluda cuando entro en el salón. Hace brillar sus grandes dientes, me mira con un brillo en sus ojos y simplemente me demuestra qué cíclido tan chulo es!

Parachromis dovii
Un macho adulto Parachromis dovii en la hermosa colección de cíclidos Centroamericanos del Acuario Steinhart, San Francisco, mantenida por Frank Glennon. Foto por Juan Miguel Artigas Azas.

Referencias:

  • Donald Conkel, 1993, Cichlids Of North and Central America, TFH Publications, Neptune City, New Jersey.
  • Ad Konings; 1989, Cichlids From Central America, TFH Publications, Neptune City, New Jersey.
  • Wayne Leibel, 1995, Cichlids Of The Americas, Bowtie Press, Mission Viejo, CA.
  • Paul V. Loiselle, PhD,1985, The Cichlid Aquarium, Tetra Press, Melle, West Germany.

Referencias (4):

Cita

Chin, Pam. (agosto 05, 2002). "Pablo, Juan Miguel y yo". Cichlid Room Companion. Consultado en marzo 23, 2019, desde: https://www.cichlidae.com/article.php?id=171&lang=es.