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(Este artículo fue originalmente publicado en el Cichlid News Magazine; October 1996; Aquatic Promotions Vol. 5 No. 4. pp. 65-70).
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| Hembra de Herichthys labridens cuidando su puesta, colocada bajo una hoja de lirio acuático (ninphaea sp.) en el manantial de la Medialuna, cuenca del Pánuco. Foto por Juan Miguel Artigas Azas. |
El Herichthys labridens es un pez que realmente llama la atención, pero aunque sus preciosos colores hacen de él uno de los cíclidos centroamericanos más bonitos, es un pez del que todavía queda mucho por conocer. Las observaciones aquí expuestas las he llevado a cabo yo mismo a lo largo de una serie de años, en los que he dedicado innumerables horas a sumergirme en las aguas de su hábitat. También relato mis experiencias acerca de su mantenimiento en cautividad y su reproducción en mis acuarios caseros.
El Herichthys labridens fue introducido en la ciencia cuando el profesor de la Universidad de Guanajuato, Alfredo Dugès, un explorador y recolector empedernido, envió al ictiólogo francés Jacques Pellegrin los especimenes que había recolectado en el valle de Rioverde, en la zona central del estado mexicano de San Luis de Potosí (100°52'W.LON, 21°52'N.LAT); este los reconoció como pertenecientes a una nueva especie. Pellegrin llamó al pez Heros labridens, siendo "labridens" un término latino compuesto de labrum (labio) y dens (diente), indicando esta característica del pez. La descripción formal apareció con el título "Déscription des cichlidés nouveaux de la collection du Museum", publicada en 1903 en el "Bulletin of the Natural History Museum of Paris" (Pellegrin, 1903). Los ejemplares tipo se encuentran en ese museo.
A pesar del hecho de que la mojarra caracolera fue inicialmente incluida en el género Heros por Pellegrin, un año más tarde el mismo Pellegrin (Pellegrin, 1904) la colocó en el género Cichlasoma, acompañando la descripción con ilustraciones de la dentición y del sintipo. En 1905 Regan restablecio a la especie, que entonces había sido colocada en sinonimia de Herichthys bartoni en 1904 por Seth Eugene Meek, y la coloco en su sección Parapetenia. Esta sección fue elevada al estatus genérico por Jordan, Evermann y Clark en 1930, aunque esto no prosperó, ya que Parapetenia Regan 1905 es considerado un sinónimo juvenil de Nandopsis Gill, 1862. Así pues el labridens permaneció dentro del género Cichlasoma hasta que Sven Kullander restringió este género (Kullander 1983, 1986) a unas pocas especies íntimamente relacionadas con la especie tipo, Cichlasoma bimaculatum. El mismo Kullander (Kullander, 1996) publicó una diagnosis del género Herichthys basándose en algunos patrones básicos de coloración, incluyendo en él al labridens.
La identificación correcta de la mojarra caracolera siempre ha sido un poco confusa. La localidad tipo para la especie fue establecida en "Huasteca Potosina", que se refiere a un área muy extensa, donde viven varias formas íntimamente relacionadas. También se ha citado Guanajuato como localidad tipo, lo que debe de ser un error ocasionado por la proveniencia del Profesor Duges. Las notas científicas posteriores a la descripción original han usado peces provenientes de diversos lugares, considerándolos todos como Cichlasoma labridens, como hicieron Miller y Taylor (Miller & Taylor, 1983), donde se establecen las diferencias entre las variantes de Herichthys labridens, considerándolas variantes geográficas. Otra posibilidad aún no estudiada es la de que todas esas formas puedan ser especies de un mismo grupo A este respecto el Dr. Robert Rush Miller (com. pers.), profesor emérito de la Universidad de Michigan y uno de los mayores conocedores de los peces de agua dulce mexicanos, trabaja en la descripción del labridens "tamul", un labridens endémico del río Gallinas, como especie separada.
La razón que me hace pensar que los peces de Rioverde son los originalmente descritos como 'Cichlasoma' labridens, sin haber examinado los ejemplares tipo por mí mismo, reside en el hecho de que el profesor Alfredo Dugès llevó a cabo sus actividades en este valle (Pellegrin, 1903), y envió a Bean (Bean, 1891) los ejemplares tipo de Cichlasoma bartoni, una especie simpátrica a partir de esa colección. A esto hay que añadir el hecho de que la descripción original de Herichthys labridens indica la presencia de muchos dientes faríngeos con forma de molar, especialmente aptos para aplastar moluscos, la dieta favorita del Herichthys labridens en los manantiales del valle de Rioverde, y característica esta única en el complejo "Herichthys labridens".
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| Una vista del manantial de la Medialuna, cuenca del Pánuco, San Luis Potosí, México. Foto por Juan Miguel Artigas Azas. |
La mojarra caracolera habita en la cuenca de los ríos Santa María y Verde, al este de la desembocadura del Pánuco en el Golfo de México, en el estado de San Luis de Potosí. Hay dos variantes geográficas, una que vive en los manantiales del valle de Rioverde y otra que vive en el río mismo. Ambas se diferencian en la morfología externa y en el aparato digestivo (Miller y Taylor, 1983). La forma de río posee un cuerpo más alargado y un perfil más redondeado que la forma de arroyo, de perfil casi recto y morro prolongado, con los ojos situados algo más atrás, características ellas apropiadas para alimentarse en el fondo fangoso de los manantiales.
En el valle de Rioverde se puede encontrar a la mojarra caracolera en los manantiales dispersos por la árida geografía del valle, por ejemplo en "La media luna", "Los anteojitos", "Manga larga", "Los peroles", "Las tablas", "Laguna de San Bartolo" o "El aguaje", separados por distancias de hasta sesenta kilómetros el uno del otro.
La forma de manantial consta de poblaciones reducidas, sólo se encuentran algunos pojos ejemplares en cada manantial, conviviendo con el Herichthys bartoni, especie endémica mucho más abundante. Otras especies de la misma zona son: Goodeidae: Ateniobious toweri; Ictaluridae: Ictalurus mexicanus; Characinidae: Astyanax fasciatus; Cyprinodontidae: Cualac Tesselatus; Cyprinidae: Dionda mandibularis y Dionda dichroma; y Poecilidae: Poecilia mexicana. También abundan las especies exóticas, aunque afortunadamente no en todos los manantiales. Algunas son cíclidos, tales como el Herichthys carpintis, que representa una seria amenaza para las poblaciones de la mojarra caracolera del manantial de la Media Luna, ya que se híbrida con los adultos y depreda sobre las crías; o Sarotherodon aureus, la especie exótica más abundante. También hay Poecilidae exóticos, tales como Poecilia latipunctata (amenazada en su área natural en el río Tamesí y muy abundante en el manantial de la Medialuna) o Gambusia panuco.
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| El manantial de la Medialuna , cuenca del Pánuco, San Luis Potosí, México. Foto por Juan Miguel Artigas Azas. |
En los ríos Verde y Santa María el Herichthys labridens es una especie abundante, donde convive con Ictalurus mexicanus, Astyanax fasciatus, Poecilia mexicana y Gambusia panuco. Las especies exóticas, también presentes, son: Herichthys carpintis (originario de las zonas bajas del Pánuco), Sarotherodon aureus y Micropterus salmoides, una amenaza real para el Herichthys labridens. Falta sin embargo en el Santa María, donde sí vive el Sarotherodon aureus en algunos tramos.
Los manantiales presentan un sustrato cubierto de detritos orgánicos y en ocasiones de lodo (El aguaje, Las tablas). También hay en algunos troncos sumergidos (Los peroles, Manga larga). Asimismo hay plantas acuáticas, destacando Nymphaea spp. entre otras (La media luna, El aguaje).
Las condiciones del agua difieren entre el río y los manantiales. Los arroyos presentan aguas claras a una temperatura constante de 26° a 32° C según el arroyo. La dureza puede alcanzar incluso los 50° dGH, rondando el pH 7.5. El río Verde es mucho menos transparente que los arroyos, con una temperatura que varía de 26° a 28° C a lo largo del año. Aunque el pH es similar, la dureza es significativamente menor.
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| Joven de Herichthys labridens en coloración normal. manantial de la Medialuna. Foto por Juan Miguel Artigas Azas. |
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| Herichthys labridens cazando caracoles en el suave sustrato del manantial Medialuna, Pánuco, México. Foto por Juan Miguel Artigas Azas. |
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| Joven de Herichthys labridens en coloración de caza, manantial de la Medialuna, Pánuco, México. Foto por Juan Miguel Artigas Azas. |
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| Hembra de Herichthys labridens agitando el detrito para alimentar a sus crías, manantial de la Medialuna, Pánuco, México. Foto por Juan Miguel Artigas Azas. |
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| Un par en cría de Herichthys bartoni procurando sus crías en el manantial de la Medialuna, Pánuco, México. Foto por Juan Miguel Artigas Azas. |
El Herichthys labridens de los manantiales es uno de los cíclidos más atractivos. Su coloración variable y sus interesantes costumbres hacen de él una verdadera joya. El colorido habitual es dorado con cinco o seis manchas negras en hilera en la parte posterior de los flancos. La cabeza es azulada y la mayoría de las aletas presentan puntos azules. La variabilidad de la coloración ha llegado a sugerir la presencia de diferentes especies (Staeck & Seegers, 1984), aunque no es el caso.
La mojarra caracolera pasa la mayor parte del tiempo cerca del fondo rebuscando entre los detritos su alimento favorito, los caracoles. Mientras busca comida su cuerpo se oscurece hasta casi ponerse negro, a veces con algunas marcas azules por el cuerpo. Los cíclidos nadan solitarios cerca del fondo y en zonas sombreadas, a veces en pequeños grupos. Se detienen de vez en cuando para examinar el área sobre la que se encuentran, removiendo el sustrato con la cabeza y las aletas pectorales. Si aparece algún caracol lo aplasta haciendo uso de su potente musculatura branquial, fácilmente observable al mirar al pez desde arriba. Tras coger un caracol con la boca los desechos del sustrato que lo acompañan son expelidos por las branquias, y la concha del caracol ya roto por la boca. Normalmente los Herichthys labridens más jóvenes se unen a los adultos y van devorando los caracoles más pequeños y otras presas que éstos ponen al descubierto.
La situación es bastante diferente para los Herichthys labridens de río. Nadan en grupos de peces de todas las edades en las zonas de corriente más rápida, vigilando constantemente la presencia de pequeños animales entre los cantos.
La coloración de estos Herichthys labridens de río es similar a la de sus parientes de arroyo, aunque con menos variaciones y con ausencia de la coloración de caza. Los machos de esta especie alcanzan los 20 cm, las hembras son ligeramente menores.
Las mojarras caracoleras crían durante todo el año en los arroyos, debido a las condiciones constantes del medio. Sin embargo la mayor actividad se da durante la estación seca, de enero a junio, cuando las temperatura son ligeramente mayores.
Las parejas de Herichthys labridens se forman cuando los machos tienen un tamaño mínimo de 15 cm y las hembras de 12 cm. El establecimiento de un territorio suele demorarse algo, varios días incluso tras la formación de la pareja. Según mis observaciones, tras visitar varios lugares la pareja suele escoger el pecíolo de una hoja de nenúfar o alguna pequeña piedra aislada (escasas en los manantiales). La pareja limpia el sustrato y luego desova. En este proceso serán depositados varios cientos de huevos amarillo anaranjados, de un diámetro de unos 2 mm. Los huevos, adhesivos, suelen ser depositados en superficies verticales y con una cierta separación entre ellos, supongo que para evitar la acumulación de residuos.
La coloración de cría exhibida por estos peces debe de ser la más hermosa de entre todos los cíclidos centroamericanos, pudiéndose comparar sólo con la del simpátrico Herichthys bartoni. El cuerpo se vuelve bicolor, con un impactante contraste entre el amarillo canario de cuerpo y aletas y las marcas negras bien definidas de la parte inferior de cabeza, vientre y pedúnculo caudal. Las aletas caudal y anal permanecen amarillas; los dos o tres primeros radios de la aleta dorsal negros. En resumen, ¡algo digno de verse!
Los huevos son cuidadosamente atendidos por la hembra, que los limpia de cualquier cosa que caiga sobre ellos. El macho permanece en el perímetro del territorio, expulsando a los intrusos, aunque rehuye enfrentarse con grandes amenazas (por ejemplo un humano buceando). En este caso escapa y queda la hembra sola. Los huevos eclosionan en dos días y los padres trasladan a las larvas a huecos excavados previamente en la base del lugar de desove. Permanecen de esta guisa durante cinco días, consumiendo el alimento del saco vitelino.
Una vez que los alevines ya pueden nadar, siguen a los padres y todos abandonan el lugar de la puesta. Los alevines se sienten atraídos por sacudidas espasmódicas de las aletas de los padres. El macho abre camino y la hembra nada entre los alevines. Durante este periodo el macho se siente atraído por los alevines y no deja de vigilarlos, gastando en ello toda su energía. Ahora no dudará en enfrentarse a cualquier peligro, incluso a un humano.
La alimentación de los alevines es algo sorprendente. Turnándose, tanto el macho como la hembra hunden el morro en el sedimento y, moviéndose, levantan una nube de cieno, en la que las crías picotean lo aprovechable. Esto se sucede una y otra vez.
Al aproximarse una amenaza, la pareja guía presta a sus crías hacia la cubierta protectora de una hoja de nenúfar, bajo la que aguardan a que desaparezca el peligro.
Los alevines abandonan a sus padres cuando cuentan con una talla suficiente para desenvolverse solos, alrededor de 2 cm. En este momento se mueven bajo la cubierta protectora de hojas flotantes, devorando aquí y allá pequeños animales. Cuando son algo mayores se unen a los adultos en la búsqueda de caracoles, a modo de aprendices. Libres ya de la carga de las crías, ambos padres se separan, volviendo a sus actividades habituales.
El Herichthys labridens cuenta con varios depredadores naturales potenciales, aunque ninguno especializado en su captura. Estamos hablando de aves piscívoras tales como somormujos, garzas o martines pescadores, abundantes en la zona, aunque sus presas preferidas sean peces más pequeños como el Astyanax fasciatus. Otros depredadores son las tortugas y culebras de agua, también comunes. La mojarra caracolera no es un pez apreciado para el consumo humano, dedicándose las actividades pesqueras casi por entero a la captura del Sarotherodon aureus, introducido. El Herichthys labridens no sufre pues una gran presión predadora.
La mojarra caracolera se adapta bien al acuario. Una pecera del tamaño suficiente y una buena calidad del agua son sus principales requerimientos. La gran agresividad de este pez hace necesario un acuario de no menos de 1.2 m, no recomiendo nada menor. Un acuario mayor, a partir de 2 m, nos permite observar el comportamiento natural del pez. Si tenemos ejemplares salvajes, debe hacérseles pasar una cuarentena. Estos peces sufren una enfermedad característica de la cuenca del Pánuco, y aunque en la naturaleza rara vez la manifiestan, el estrés de la captura los hace muy vulnerables, luego la cuarentena es muy necesaria. Esta enfermedad se manifiesta por el progresivo desprendimiento de las escamas de uno de los flancos, extendiéndose concéntricamente y originando una úlcera que acaba matando al pez. Al principio el pez parece no molestarse, pero posteriormente deja de comer, y aquí ya no hay vuelta atrás. He obtenido buenos resultados de prevención e incluso cura en sus primeras etapas tras usar "Clout"TM.
Alimentar al Herichthys labridens no es ningún problema, pues devora todo lo que se le da. Sin embargo es mejor evitar el uso de comidas grasas o con demasiada proteína de animal terrestre, que pueden ocasionar trastornos digestivos.
La química del agua no es muy importante, aunque debemos huir de los extremos. Sin embargo sí es muy importante que esté limpia. Incluso la menor pérdida de calidad del agua se traduce en que los peces dejan de comer y se vuelven vulnerables a las enfermedades. Consecuentemente, un buen filtro y cambios de agua frecuentes no deben faltar nunca.
Quiero acabar este artículo con una nota relativa a la conservación de esta especie. Los manantiales de zonas desérticas sufren mucha presión derivada del crecimiento de la población humana. Esto ha hecho desaparecer ya muchos manantiales y todo lo que en ellos vivía, lo cual no es sólo deplorable en sí mismo, si no que no ha solucionado ningún problema. Es sólo cuestión de tiempo que las reservas de agua subterráneas se vuelvan insuficientes para atender la demanda que sobre ellas pesa, y entonces deberá parar la actividad humana hasta que se recuperen. Las reservas algún día se recuperan, pero todo lo que había en los manantiales ahora secos habrá desaparecido. Otro peligro lo aportan las especies introducidas, como ha sucedido en el popular arroyo de Media Luna. Las poblaciones de especies exóticas han puesto en peligro las de especies nativas, y pueden hacerlas desaparecer. Esto debe hacernos conscientes de la gravedad que acarrea el hecho de introducir especies en un hábitat que no es el suyo. La riqueza ecológica y belleza de estas especies del desierto nos ayudan a comprender los procesos geológicos y de la evolución; es por esto que debemos ser conscientes de la necesidad de conservar estos cursos de agua.
El relativo bajo número de mojarras caracoleras en el valle de Rioverde las hace susceptibles de desaparecer en un momento debido a la alteración de su medio ambiente. Esto es algo que conviene tener en la cabeza.
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| Hembra de Herichthys labridens cuidando sus alevines en el manantial de la Medialuna, cuenca del Pánuco, México. Foto por Juan Miguel Artigas Azas. |
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Cita:
Artigas Azas, Juan Miguel. (octubre 18, 1997). "Herichthys labridens, La Mojarra Caracolera". El Cichlid Room Companion. Consultado en junio 19, 2013, desde: http://www.cichlidae.com/article.php?id=64&lang=es.
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